CONFIRMACIONES

El día 11 de enero a las 20′00h, en la parroquia se celebraron las confirmaciones, un grupo de 38 muchachos de cuarto de la Eso y una feligresa confirmarón su fe ante la asamblea y la comunidad.

Fue un acto emotivo, la iglesia estava llena de familiares, amigos, sacerdotes, coro…a los muchachos se les veía nerviosos, aemocionados y contentos, sus familiares y padrinos estuvieron atentos y parcitipativos en todo el acto.

Los confirmandos tuvieron una gran participación en la celebración, colaboraron en las lecturas, preces, cantos,ofertorio.

Al finalizar la ceremonia quisieron tener un acto de agradecimiento tanto a sus familiares y en especial a sus catequistas, Fita, Sacri e Isabel que duranto muchos años los han acompañado.

Muchachos que este inicio y confirmación en la fe no se atermine en la celebración, nos gustaría que participárais activamente en la vida parroquial y que viviérais vuestra fe con gozo,

FELICIDADES CHICOS, QUE DIOS OS BENDIGA

Diciembre

Feliz Navidad. Navidad Amiga

Cuento de Navidad

NAVIDAD.

EL DESCUBRIMIENTO DE FELIPE.

Felipe era feliz. Sí.

No sabía muy bien por qué, aunque sospechaba que su felicidad se debía al amor que recibía de sus familiares, la limpia amistad de sus amigos… Incluso a su nombre, que era el más parecido a la palabra Feliz.

Felipe quiso ser más feliz. Y pensó: “Si tuviera un balón de reglamento, un reloj sumergible y un helicóptero teledirigido, mi felicidad sería completa”.

Felipe, además de ser feliz, era un chico muy bien organizado. Con su mejor letra elaboró una lista de sus juguetes preferidos e inició conversaciones con su abuela, sus tíos y sus padres para conseguir todo aquello que le convertiría en el niño más feliz del planeta.

Los mayores no le dijeron ni que sí ni que no. Contestaban con un “ya veremos” que aplazaba la posible compra hasta las no muy lejanas fiestas de Navidad.

Los días transcurrían lentos. Felipe perdió la tranquilidad en espera del momento en que encontraría el suelo del salón sembrado de regalos. Una duda desequilibraba su paz: ¿se olvidarían de algún juguete? Esta preocupación le impedía disfrutar de las vacaciones y de los juegos que organizaban sus hermanos y primos.

Por fin llegó la gran noche. Los nervios le mantenían en tensión. Creyó que sería incapaz de dormir. Sin embargo, la penumbra de la habitación, aliándose con el tibio calor de su cuerpo arrebujado entre las mantas, fue sumiéndole en un dulce y tranquilo sueño.

De pronto se encontró en el salón. Sus ojos se agrandaron al descubrir todos los regalos. No faltaba ninguno. Dudaba cuál estrenar primero. Había tantos… Su primo se adelantó a coger un supercamión con mando a distancia, y el corazón de Felipe dio un vuelco. ¡Qué horror! Lo estropearía…

No había terminado de arrebatar el camión de las manos de su primo, cuando su hermanillo comenzó a teclear con brusquedad en el órgano electrónico. Un escalofrío recorrió su espalda y apartó a su hermano de un manotazo mientras gritaba: “¡Eso no se toca! ¡Es mío!”.

La angustia atenazó su corazón. Amontonó los juguetes y se colocó delante para protegerlos. Los dos lo rodeaban amenazantes y sus ojos verdeaban de envidia. Felipe sintió miedo y quiso defenderse gritando: “¡Son todos míos! ¡Solamente míos! ¡Míos!”.

De repente, su propio grito le despertó. Sudaba. Sobresaltado, corrió hacia el salón. Estaba vacío. Ni uno de los regalos que en su pesadilla habían sido causantes de su disgusto.

No acababa de entenderlo. Si las cosas son buenas y útiles, ¿por qué se encontraba triste y solo?.

A través del ventanal observó la nieve. Sigilosamente abrió la puerta y salió a la calle. Cogió un poco en sus manos y comenzó a moldearla. Era tan blanda… Podía hacer un muñeco. Sería tan divertido. Se acordó de sus hermanos, de sus primos, de sus amigos. Si le ayudaran, conseguirían el muñeco más original que se hubiera hecho nunca.

Sin dudarlo fue a despertar a los niños de la casa. Al principio creyeron que se había vuelto loco, pero cuando comprendieron la brillante idea nocturna de Felipe, se entusiasmaron con ella.

Entre todos emprendieron alegremente la tarea, además de organizar una batalla con bolas de nieve y un campeonato de patinaje cómico. ¡Qué bien lo pasaron! ¡Qué regalo tan fantástico! Y en medio de la alegría reinante, una lucecita se encendió en el cerebro de Felipe: recordó los días en que jugaba en la playa con el agua o con la arena.

Este fue el gran descubrimiento de Felipe: la nieve, el agua, la arena son magníficos juguetes porque no pertenecen a nadie. Y todos podemos disfrutarlos y compartirlos.

Los juguetes pueden ayudarnos a ser felices si sabemos compartirlos con los demás.

Desde entonces Felipe ya no tiene interés por sentirse único dueño de sus cosas. Y cuando le regalan algo, busca con quien disfrutarlo.

Felipe es feliz. Sí.

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